Descubre cómo comer deprisa puede afectar a tu digestión, favorecer síntomas como la hinchazón, los gases o las digestiones pesadas y qué puedes hacer para mejorar este hábito sin caer en la obsesión.
¿Comer deprisa puede afectar realmente a la digestión?
Son las 3 de la tarde.
Llevas toda la mañana sin parar.
Tienes veinte minutos para comer antes de volver al trabajo.
Mientras comes respondes un mensaje, revisas un correo y piensas en todo lo que te queda por hacer.
Terminas el plato en menos de diez minutos.
Un rato después aparece la sensación de hinchazón.
Y la primera conclusión suele ser la misma:
"Seguro que algo me ha sentado mal."
Entonces empieza la búsqueda.
Quizá es el gluten.
Quizá los lácteos.
Quizá la fruta.
Quizá el café.
Y aunque es cierto que algunos alimentos pueden contribuir a los síntomas digestivos, hay una pregunta que pocas veces nos hacemos.
¿Cómo estoy comiendo?
Porque la digestión no depende únicamente de los alimentos que eliges.
También depende del estado en el que se encuentra tu cuerpo cuando empiezas a comer.
No es lo mismo sentarte tranquilamente a la mesa que comer delante del ordenador, respondiendo mensajes o pensando en la siguiente reunión.
Ese contexto también influye.
Y entenderlo puede ayudarte a comprender por qué, a veces, la misma comida te sienta diferente según el día.
1. La digestión empieza antes del primer bocado
Aunque muchas veces no somos conscientes, la digestión no empieza cuando la comida llega al estómago.
Empieza mucho antes.
Cuando vemos la comida, percibimos su olor o sabemos que vamos a comer, el cerebro empieza a preparar al aparato digestivo.
Aumenta la producción de saliva, se activan diferentes secreciones digestivas y el estómago comienza a prepararse para recibir los alimentos.
Este proceso recibe el nombre de fase cefálica de la digestión.
Cuando pasamos directamente de responder un correo, conducir o terminar una reunión a empezar a comer en cuestión de segundos, esa preparación puede no producirse de la misma manera.
No significa que el cuerpo deje de digerir.
Pero sí puede hacer que el proceso resulte menos eficiente.
2. Comer deprisa suele hacer que mastiques menos
La masticación es la primera fase de la digestión.
No solo sirve para romper los alimentos en trozos más pequeños.
También permite que se mezclen con la saliva y facilita el trabajo que después tendrán que hacer el estómago y el intestino.
Cuando comemos muy deprisa es habitual masticar menos de lo necesario y tragar los alimentos casi sin darnos cuenta.
Nuestro cuerpo puede seguir haciendo la digestión.
Pero empieza el proceso con más trabajo del necesario.
No es un problema por hacerlo un día.
Lo importante es evitar que se convierta en un hábito diario.
3. Puedes tragar más aire sin darte cuenta
Comer rápido también suele favorecer que traguemos más aire.
Este fenómeno, conocido como aerofagia, puede contribuir a síntomas como:
- Eructos.
- Sensación de distensión.
- Gases.
- Hinchazón abdominal.
Esto no significa que toda la hinchazón se deba al aire.
De hecho, la hinchazón suele tener múltiples causas.
Pero cuando una persona ya presenta cierta sensibilidad digestiva, este factor puede hacer que las molestias sean más intensas.
4. El sistema nervioso también participa en la digestión
La digestión no depende únicamente del estómago o del intestino.
También depende del sistema nervioso.
Nuestro cuerpo funciona constantemente alternando entre dos grandes estados.
Uno está orientado a la alerta. Es el que se activa cuando vamos con prisa, estamos estresados o sentimos que tenemos que resolver muchas cosas al mismo tiempo.
El otro está orientado a la calma. Es el estado en el que el organismo puede dedicar energía a funciones como la digestión, la reparación de tejidos o el descanso.
Desde un punto de vista evolutivo tiene sentido.
Si nuestro cerebro interpreta que hay una amenaza o que necesitamos reaccionar rápidamente, la prioridad no es hacer una buena digestión, sino responder a esa situación.
Por eso, cuando vivimos con prisas o empezamos a comer sin hacer una pausa, la digestión puede resultar menos eficiente.
No significa que "se apague", como a veces se dice en redes sociales.
Pero sí puede explicar por qué muchas personas notan que durante las vacaciones o los fines de semana las comidas les sientan mejor, aunque la alimentación sea muy parecida.
No siempre cambia el plato.
Muchas veces cambia el contexto en el que el cuerpo recibe esa comida.
5. Comer deprisa puede favorecer digestiones más pesadas
Cuando comemos muy deprisa suceden varias cosas al mismo tiempo.
Masticamos menos.
Tragamos más aire.
Y es más fácil comer sin prestar atención a las señales de hambre y saciedad.
Todo ello hace que el sistema digestivo tenga que trabajar más desde el primer momento.
Además, comer con prisas suele ir acompañado de un estado de tensión o de alerta que tampoco favorece una buena digestión.
El resultado no tiene por qué ser un problema digestivo, pero algunas personas pueden notar digestiones más lentas, sensación de pesadez, hinchazón o molestias después de comer.
Especialmente si ya existe una alteración digestiva previa.
Por eso no hablamos de una causa única, sino de un hábito que puede contribuir a que una digestión sensible funcione todavía peor.
6. Comer más despacio no solucionará todos los problemas digestivos
Esta es una de las ideas más importantes de este artículo.
En redes sociales es frecuente encontrar mensajes que simplifican demasiado la salud digestiva.
"Solo tienes que comer más despacio."
Ojalá fuera tan sencillo.
Si llevas años con hinchazón, gases, estreñimiento, diarrea o sospecha de SIBO, probablemente haya otros factores que también necesiten ser valorados.
La microbiota.
La motilidad intestinal.
La producción de ácido y enzimas digestivas.
La alimentación.
El sistema nervioso.
Los hábitos.
La salud digestiva rara vez depende de una única causa.
Pero precisamente por eso merece la pena empezar por las bases.
7. ¿Qué puedes hacer para empezar?
No hace falta transformar toda tu alimentación de un día para otro.
Empieza por algo mucho más sencillo.
- Siéntate para comer siempre que sea posible.
- Aparta el móvil durante unos minutos.
- Mastica un poco más despacio.
- Evita hacer varias cosas al mismo tiempo mientras comes.
- No busques hacerlo perfecto.
La salud digestiva no se construye por una comida aislada.
Se construye por aquello que hacemos de forma habitual.
Conclusión
Comer deprisa probablemente no sea la única explicación de tus síntomas digestivos.
Pero sí puede ser una pieza importante del puzle.
Muchas veces buscamos soluciones complejas mientras seguimos pasando por alto hábitos muy básicos que influyen en cómo funciona nuestro organismo.
Por eso, antes de eliminar otro alimento o buscar el siguiente suplemento, merece la pena hacerse una pregunta:
¿Estoy dándole a mi cuerpo el contexto que necesita para hacer una buena digestión?
A veces, los cambios más importantes no empiezan por el plato.
Empiezan por la forma en la que nos sentamos a la mesa.
Tu cuerpo no solo necesita buenos alimentos. También necesita un buen contexto para digerirlos
¿Y si llevas tiempo con digestiones pesadas o hinchazón?
Si notas que llevas tiempo conviviendo con hinchazón, gases, digestiones pesadas o la sensación de que cada vez toleras menos alimentos, probablemente necesites un abordaje más completo que simplemente cambiar algunos hábitos.
En Método VIVA trabajamos de forma integral aspectos como la alimentación, la microbiota, la motilidad intestinal, el sistema nervioso y los hábitos para ayudarte a entender qué está ocurriendo realmente en tu cuerpo.
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